La Ley De La Paz

Por Adi Da Samraj

III. Una Comunidad Humana Mundial Verdaderamente Cooperativa

El único camino más allá del caos y la destrucción de la guerra es que la humanidad, como un todo, adopte la disciplina de una comunidad mundial verdaderamente cooperativa. Es esencial que todos y cada uno de los pueblos y naciones del mundo trasciendan sus deseos separados de dominación—mediante el abandono (por parte de cada uno y de todos) de su deseo de establecer separadamente, como algo supremo, su grupo racial o étnico, o su tradición religiosa particular, o su sistema político separadamente idealizado, o cualquiera de sus intereses asumidos de manera independiente y exclusiva. En lugar de esto, la humanidad debe aceptar su responsabilidad para manejarse como una comunidad total, interconectada mundialmente—y, en la disposición de cooperación y tolerancia, esa comunidad total (o verdaderamente mundial) debe resolver los inmensos problemas prácticos que confrontan al mundo viviente de hoy (incluyendo la sobrepoblación, enfermedades, problemas ecológicos y del medio ambiente, problemas económicos, y dificultades se esa índole). Por medio de esta comunidad cooperativa mundial, la humanidad debe resolver colectivamente el terrible sufrimiento (causado ya sea por la guerra, la explotación, la pobreza o las crudas realidades de la naturaleza) que padecen números enormes de la población humana (y no humana) del planeta.

Los líderes activos de la comunidad cooperativa mundial (no solamente en el gobierno, sino en cada una de las áreas del quehacer humano) tendrán una gran responsabilidad especial—porque, a pesar de que los individuos que se desarrollan dentro del orden colectivo de la humanidad sufren todavía las incapacidades causadas por la vida egóica misma, los líderes que sirven a la comunidad cooperativa mundial deben (sin vacilar) preservar y proteger el bienestar de la humanidad (e inclusive de toda la Tierra) en su totalidad, mediante el abandono consistente y real del modo de vida no cooperativo, intolerante (o desamoroso) y centrado en el ego, así como las políticas y actividades que proceden de él.

La humanidad debe entender (y aceptar agradecidamente) que (incluyendo toda la Vida Terrenal) ha tenido suficiente destrucción y violencia mundial causada por los seres humanos. Como una colectividad, la humanidad se ha convertido en una terrible pandilla de egos competitivos, ofuscados y siempre amenazando con "ultimátums" y con "apoderarse del botín entero". La extrema urgencia de nuestro tiempo exige que esta tendencia global prevaleciente de separatismo político, competitividad destructiva y tendencias divisorias multiplicadas infinitamente, sea renunciada inmediatamente, totalmente, universalmente y permanentemente (o por medio del establecimiento formal de un orden mundial cooperativo de los pueblos del mundo)—de tal manera que toda la población mundial de la humanidad se vuelva universalmente inteligente con la disposición positiva del corazón, de la cooperación y la tolerancia.

Se calcula que 160 millones de personas han muerto como resultado directo de guerras durante el siglo veinte—muchísimas más que en cualquier otro siglo de la historia del mundo. Este es indudablemente un signo descorazonador de que el mundo humano no está siendo planeado y administrado (o gobernado) correctamente. Para poder sobrevivir durante el siglo veintiuno (y los siglos venideros), los pueblos y las naciones del mundo humano colectivo deben dejar de apoyar las convenciones políticas de conflicto competitivo (o todos los enfoques meramente nacionalistas o separatistas y agresivos, para la resolución de problemas políticos, basados en diferencias raciales, étnicas, religiosas y económicas, y generalmente en diferencias idealizadas). Tales grandes cambios en la vida y el gobierno de la vida humana pueden hacerse—basándose en la cooperación y la tolerancia. No cabe duda de que, para beneficio de la humanidad presente y futura (e inclusive para toda la Tierra misma), estos cambios deben llevarse a cabo—de manera no violenta, y por medio del rechazo pacifico pero persistente de la guerra (e inclusive de la separatividad inherente o sistemática) como instrumento apropiado de la política mundial.

La única manera de resolver la situación mundial presente es que todo el mundo "se abra" en vez de que todo el mundo esté obsesionado con "guardar las apariencias". Toda la humanidad, como una colectividad formalizada, debería "abrirse"—reconociendo que, a menos que los seres humanos vivan en cooperación y tolerancia, establecidas y mantenidas formalmente, van inevitablemente a hundirse en una conducta burdamente y universalmente destructiva. Solamente si todo el mundo "se abre" con el resto de los mortales, la colectividad de los seres humanos será capaz de regenerar la fortaleza y autoridad moral necesarias para que los seres humanos por doquier exijan la cooperación y tolerancia mutuas—y solamente cuando se dé primero esa regeneración de la fortaleza y autoridad moral universalmente equilibradas, habrá un acuerdo universal para crear y mantener una comunidad humana global verdaderamente cooperativa y tolerante.

Esta es la manera en que la humanidad puede (debería y debe) ejemplificar su Realización colectiva e intrínseca, desde el corazon, de la Grandeza de lo Real.