La Ley De La Paz

Por Adi Da Samraj

I. Por Qué La Guerra Nunca Más Debe Ser Permitida

Hasta el siglo veinte, el potencial destructivo de la guerra, aunque grande, era (sin embargo) limitado. Había un límite en cuanto al número de gobiernos que tenía acceso a las armas más poderosas, había un límite al potencial destructivo de esas armas, y había un límite en cuanto al alcance geográfico sobre el cual podían utilizarse dichas armas. Por lo tanto, la violencia y devastación de la guerra, aunque horribles, estaban (en cierto grado) contenidas.

Desde mediados del siglo veinte, las anteriores restricciones sobre el potencial destructivo de la guerra han dejado de existir. La capacidad para fabricar o conseguir armamentos tecnológicamente sofisticados (ya sean nucleares, químicos o biológicos) no está limitada a unos cuantos, a los gobiernos de las naciones más ricas y poderosas. Lo cierto es que dichas armas pueden ser conseguidas inclusive por grupos pequeños de personas determinados a promover sus propias agendas a cualquier costo. Y el potencial destructivo de los armamentos existentes es ahora suficiente para causar una devastación inimaginable. Por lo tanto, la humanidad está confrontando dos nuevas y peligrosas realidades: El número de grupos con acceso relativamente fácil a armas de guerra extremas está proliferando rápidamente, y el poder destructivo de esas armas es virtualmente ilimitado.

En el pasado, las "superpotencias" eran las únicas que poseían las armas más destructivas. Esto hizo posible que durante cierto tiempo cualquier superpotencia asumiera que con el uso de armas convencionales podía mantener controlados los brotes de violencia armada, al menos a un grado "satisfactorio". Sin embargo, esto ya no es válido.

Cuando las armas sofisticadas de destrucción masiva se encuentran en las manos de muchos, la guerra (e inclusive el conflicto armado en general) deja de ser algo que se puede "ganar". Los gobiernos del mundo, en general, están actuando como si no entendieran ni aceptaran esta realidad presente. A partir del siglo veinte, la guerra misma se ha convertido en una amenaza para toda la humanidad—no solamente para las partes directamente involucradas en cualquier conflicto en particular. Por eso, así como la esclavitud llegó a ser reconocida como algo inhumano y, por ende, inaceptable, la guerra debe volverse obsoleta y no ser permitida nunca más. La guerra es una forma anticuada de hacer las cosas, ya no tiene sentido y no puede ser aceptada como un instrumento apropiado de la política en el mundo moderno.

Puede parecer ingenuo e idealista decir que la guerra nunca más debe ser permitida, pero este llamado para la erradicación de la guerra es, de hecho, una respuesta necesaria a dos realidades básicas: (1) la disponibilidad inmensamente aumentada de armas de destrucción masiva y (2) el egoísmo del ser humano no Iluminado. Considerando dichas realidades, la guerra no debe ser permitida como opción—porque la destrucción potencial es demasiado grande.

Por lo tanto, para asegurar su propia supervivencia, la familia humana debe colectivamente decidir rehusar y repudiar todos los actos de guerra. Cuando ocurra dicho rechazo y repudio, los gobiernos del mundo (e inclusive toda clase de "grupos de interés" orientados militarmente) pueden ser llamados colectivamente a rechazar la posibilidad misma de hacer la guerra. Y para apresurar ese rechazo colectivo de la guerra, la gente, en todas partes, y (particularmente) los líderes en todos los campos del quehacer humano, deben unirse en la difusión de esta advertencia: La guerra simplemente debe terminar ahora—antes de que destruya a la humanidad y a la Tierra misma.